Cuando mantienes tu resentimiento hacia otra persona, estás amarrado a esa persona o a esa situación, por un vínculo emocional que es más fuerte que el acero. Perdonar es la única forma de disolver ese vínculo y lograr la libertad
Darle alas al sufrimiento es la única manera de no hacer de nuestro cuerpo la tumba de nuestra alma.
Detrás de nuestro coraje, de nuestra rabia y de nuestra ira por la
impotencia de sentirnos poco valorados, se esconde una gran tristeza y
una sensación de humillación infinita.
Por esta razón, tenemos que trabajar nuestra decepción y dejar de
caminar jugándonos la vida. Entonces será el momento de dejar atrás y de
no olvidarnos de que son situaciones comunes que encierran en ellas una gran semilla de crecimiento y de liberación.
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