lunes, 28 de septiembre de 2015

Pequeña y sangrienta historia

Un cuento de terror no siempre implica un ser fantástico como protagonista.

En una calle vacía una voz agonizante pide a gritos que la salven.. nadie la escucha, nadie está pasando por allí... la sangre brota a borbotones de su piel rasguñada y exclama mirando al cielo la necesidad de salvación... el cuerpo no le da más y en el piso se revuelca.. los latidos se aceleran y el sudor mezclado con la sangre comienza a emanar un olor extraño... se siente el calor del susurro de su voz cada vez mas apagada y la pronunciación de palabras como: me arrepiento...
La sangre cuagulada se encharca en un pocillo a su lado y su ropa sucia hacen que sea el ser más miserable del mundo... se arrepiente de todo y sufre y llora... lucha contra la vida pero el frio lo congela... se deja morir pausadamente arrepientiéndose de lo que no hizo para defenderse... el corazon se le desgarra mas y mas... poco a poco sus sentidos dejan de percibir sensación alguna.. el cuerpo deja de moverse... la piel se torna dura... el cuerpo recio se tiende en el piso lleno de sangre....

la causa de la muerte... al no haber sentido nunca en su vida amor, el odio lo mató..

lunes, 21 de septiembre de 2015

Tejiendo relatos. “Leyenda urbana”, por Drusi Venerea.



 –Leyenda urbana–

-No sé si realmente pasó, no quiero pensar en ello, cuando no se piensa en algo, ese algo no existe, desaparece, muere… No quiero pensar en ello, sin embargo, no puedo evitarlo..
Recomendado
Relatos de terror. Interminable espera, por Neo ---- --INTERMINABLE ESPERA-- -- (una histori...
Relatos sorprendentes. Otro sueño de una noche de verano, por Si... ---- --Otro sueño de una noche de verano-- ...

Al abrir los ojos esa mañana no sabía si había sido un sueño, un horrible sueño, o en verdad había sucedido. Si fue un sueño, ¿por qué tengo estas heridas?; si pasó en verdad, ¿cómo llegué a mi cama? Las leyendas urbanas nunca las he creído, nunca me han inmutado. No sé qué pensar, no quiero pensar…

La casa era enorme, la madreselva la cubría casi en su totalidad, decenas de ventanas con cortinas negras parecían mirarte como miran los ojos vacíos. Había jardines grandísimos con docenas de árboles, altos y de follaje tan espeso que el sol no lo atravesaba; todo en esa casa era lúgubre  y frío.

Atravesé los jardines, sin prisa, observando los estanques y fuentes cubiertos de lirio acuático; no sentía miedo, no había razón para sentirlo, (o eso creí). Llegué a la puerta principal que estaba abierta, escuché una música, ligera y muy tenue, la seguí atravesando el salón principal, subí y bajé tantas escaleras que ya no sabía si estaba arriba o abajo, demasiadas habitaciones, demasiadas puertas, salones enormes… En otros tiempos debió ser una mansión muy lujosa con sus pisos de mármol y retoques en madera, con candelabros gigantescos iluminando cada salón, con muebles de época y sirvientes todos vestidos impecablemente… Ahora todo estaba lleno de polvo, moho y ratas. ¿Quién querría vivir ahí? ¿Quién soportaría ese olor? ¿Olor? Sí, como de sangre, como de muerto…

.

“Cientos de cadáveres apilados junto a las jaulas donde están las próximas víctimas, sólo unos pocos han salido de ahí con vida, pero están dementes: se creen felices después de haber estado en ese lugar y vivido aquel horror.” Relatos de la casa última de la calle. Nunca los creí.

.

La música cada vez se escuchaba más cerca, al igual que el olor se intensificaba. Un impulso me obligaba a continuar, a abrir cada puerta, revisar cada habitación, las cocinas, bibliotecas, todo hasta encontrar…

La última puerta, desvencijada y oculta al fondo de un corredor larguísimo, era la adecuada. Despacio la abrí. No hizo ruido. Bajé las escaleras, que no crujían como pensé. Todo era silencio, y como si flotara, no hacía el menor ruido, sólo la música, y el hedor. Llegué abajo y lo vi…

Un sótano tan grande como la casa misma, el piso lleno de sangre seca, una alfombra gruesa de sangre seca; lamentos de personas en agonía eran la música que escuchaba, distorsionadas por el eco; cadáveres de hombres y mujeres, cientos o tal vez miles, provocaban el hedor. En los rostros de todos ellos podía verse que sufrieron lo indecible, con heridas por todo el cuerpo, otros en  realidad estaban mutilados y sus miembros faltantes apilados también: brazos, piernas, dedos, todo en otra pila tan enorme como la primera. Del lado opuesto había jaulas, incontables jaulas con personas dentro. Sufrían, pero ninguna de las jaulas tenía cerrojo o candado alguno. Sin embargo no huían. ¿Por qué? Algunos se herían a sí mismos, con uñas y dientes o golpeándose contra la reja. Otros, en su delirio creían que alguien más era quien los hería; algunos se aislaban haciéndose un ovillo, curiosamente eran los que tenían las jaulas más grandes, y en contraste había jaulas muy pequeñas en las que evidentemente estaban quienes sentían claustrofobia.

Noté que todos sufrían por decisión propia: todos podían salir y ninguno lo hacía.

Al fondo del sótano, enormes estantes con frascos llenos de formol, cada uno contenía algo; algo que ya había notado les faltaba a todos los cadáveres y que indudablemente los enjaulados perderían en cierto momento. Miles de corazones en los frascos de formol. Todo aquello era una verdadera carnicería. Miles de frascos, cadáveres, víctimas… ¡Una locura..!

Al centro, todo instrumento utilizado en aquel horror sangriento: tenazas, pinzas, sierras manuales, cuchillos, tijeras, de todo: instrumentos quirúrgicos y rudimentarios; para matar de golpe y poco a poco, alambre de púas, cables con corriente, que aún tenían carne quemada adherida debido a la descarga. Había también un caldero enorme de cobre, donde se estaba hirviendo carne en un asqueroso caldo de sangre y agua, y a un lado una mesa puesta para un servicio: un plato para sopa, un plato plano, una copa alta, un juego de cubiertos para carne y postre. Todo listo para servir lo que se guisaba en el caldero de cobre.

Quise salir de ahí, correr y huir de esa carnicería humana, el olor de la sangre el olor de la carne putrefacta, de los desechos de los enjaulados, el formol… Era nauseabundo; sentí vértigo y caí, me arrastré por el piso, sobre la alfombra de sangre seca. Tenía la vista nublada, no podía incorporarme, boca abajo en el piso y con la fuerza agotada lo ví, entre sombras distinguí su figura, borrosa; se acercó a mí, escuché su risa hueca.

Sentí sus manos grotescas levantarme en vilo. Supe que era inhumanamente fuerte. Su cuerpo bofo y amorfo tenía movimientos torpes, su respiración calentaba el lugar y su aliento era tan fétido como todos los olores de ahí juntos. Sus ojos rojos, brillaban en ese enmohecido y oscuro sótano. Fueron lo último que distinguí antes de que me arrojara a una jaula pequeña. Se rió por segunda vez y se alejo.

El ruido me hizo despertar. El olor de todo aquello irritaba mis ojos y garganta, sentí que me desmayaría de nuevo. Escuché cómo arrastraba un cadáver, luego, el ruido de cuchillos y sierras cortando carne y hueso. Nada. De nuevo ruido, ahora eran los instrumentos para cirugía, sacaría el corazón. En ese momento todo el lugar pareció contener la respiración: los lamentos cesaron, el puchero que hervía dejó de hacerlo, las ratas callaron su agudo chillar. Se oyó un gemido apagado y todo volvió a su horrenda armonía. Volví a desmayarme. Al Despertar lo escuché comer; supuse, el guiso que hervía cuando llegué, luego la carne recién cortada, tan sólo pensarlo me hizo vomitar. Quería morirme o poder escapar, pero no podía, “debía” seguir escuchando. Recordé que las jaulas no tenían ningún candado, y quizá donde yo estaba tampoco, pero no podía moverme. No quería…

.

“Lo que hay en la casa es un ser que se mete en tu cabeza y busca entre tus deseos y miedos, toma la forma necesaria para seducirte, y que llegues a él. Para divertirse con tu dolor o devorarte desde adentro. Una vez que te elige, no puedes hacer nada, serás el próximo…” Ya no me parecían cuentos tontos. Sentí un nuevo mareo. Lo escuche venir hacia mí…

.

Abrí los ojos y estaba en mi cama, el hedor de ese lugar aún estaba en mi nariz. ¿Fue un sueño? No quiero pensar en eso, tal vez con el tiempo lo olvide y crea que fue un sueño…  tal vez con el tiempo sea yo quien cuente la historia. No quiero mirar al final de la calle, no quiero ver esa última casa… Las heridas. No quiero mirarlas. Sólo ellas me harán dudar si pasó o no, si soy o no parte de esa leyenda urbana…

lunes, 14 de septiembre de 2015

Tejiendo relatos. “Señor X”, by Roberto Muñoz.



El señor X
El señor X observa desde la ventana de su casa. La idea poco a poco le va rondando la cabeza. Observa el comportamiento de las personas en general. Obviamente dejan mucho que desear. Un rebaño más. Eso es lo que son. Fácilmente alterables, vulnerables. Algunos piensas que son inteligentes por leer tres librillos que lideran las listas de ventas, por tener el coche más caro aparcado en la puerta de sus casas, por tener la casa más grande y la ropa más cara. Ostentación. Eso es lo que se valora aquí. Tener y tener. Pasear a la guapa de turno en tu coche para que los demás la vean. Exhibir tu trofeo. Amar con los ojos, no con el corazón. En eso se transformó el amor, en aparentar.


El señor X sí sabe lo que es el amor. Perder el amor. Llorar el amor hasta que no puedas sentir más dolor. Pensabas que todos los días serían como cuando estabas con ella. Pensabas que la vida sería bonita y alegre. Grave error. Pensabas que soportarías un trabajo de mierda de 10 horas diarias, pero te compensaría, ya que a la noche, ella estaría contigo. Hablaríais, os abrazaríais, reiríais, os besaríais. Haríais el amor y sentirías que este era el camino correcto. La vida te putea en cuanto tenga ocasión. No le importa nada, lo que pienses, lo bueno o malo que seas. Hace lo que tiene que hacer. No le busques un sentido. No lo tiene. Su amiga muerte se llevó a la persona que más amaba. Sin avisar. Sin despedidas. Accidente de tráfico lo llaman. Pasas de besarla a enterrarla y de enterrarla a visitarla en el cementerio. Así es la vida de puta.

Ahora el señor X observa a las parejas. Observa lo que ellos llaman amor. Claro que el señor X piensa que nadie puede saber de amor si no perdió lo que más quería. Gente en masa sin saber la suerte que tienen al poder hacer una vida normal y predecible como la que el señor X tenía antes. Ya solamente respira. No vive. Ni duerme. Cada vez que cierra los ojos ve a su amada sonreír y esto lo está reventando por dentro. Su voz no deja de sonar en su cabeza. Recuerdos. Algunos ciertos y otros inventados. Fantasía. Es el único modo de retenerla de algún modo. Estar sin estar. Así será siempre sin ella. Vida sin vida.
Cinco años han pasado desde aquel momento. Las palabras no consiguen nada con el señor X. Comprueba algo que siempre pensó, y es que el tiempo no calmará ningún dolor. El tiempo hace más dolorosa la situación porque el tiempo ya no es tiempo.
Pero hay algo que el señor X puede hacer como homenaje a su amada. La primera chispa de esa idea la vio en el periódico al reconocer al hombre que mató a su esposa. Era un gran empresario, siempre vestido de traje y corbata, bien peinado y con un gran trabajo. Según su versión en el juicio, fue ella quien se abalanzó sobre el coche en un paso de peatones impactando contra él. Varios testigos a favor de esta versión hicieron del juicio un espectáculo lamentable para el señor X. El dinero hace que las personas se vendan y resulten manejables. Gente que tiene hijos, facturas, casas, coches. Todos tenemos un precio. Una buena suma de dinero por hablar como testigos y falsear la verdad. Todo es mucho más fácil si eres rico. El dinero es el arma más poderosa. Si eres rico puedes comprar personas, policías, jueces… No importa lo que está bien o lo que está mal, el dinero manda. Así que si por si fuera poco la muerte de su amada, el asesino de su mujer saldría libre y sin cargos.
Así es la vida de puta. Pero hay algo que no puede parar el dinero.
La muerte. Es fácil quitar una vida. Sin avisos, sin despedidas, tal como hicieron con su amada.
El señor X piensa que la muerte de Don dinero aliviará su dolor. Se equivoca. Noche tras noche lo va pensando mejor, piensa que si lo mata, el señor Don dinero no tendrá que sufrir lo que el señor X sufre cada segundo de su vida. Si lo mata, no respirará, por lo tanto sería hasta un favor hacia Don dinero, y él no quiere eso, él quiere que viva lo que él vive. Así que comienza a trazar un plan. Tiempo es lo único que le queda. Todo el tiempo del mundo para hacer sufrir a Don dinero. Un nuevo sentido para su vida, un propósito, una meta. Un fin.
El señor X ha ido perfeccionando su imagen a base de gimnasio. Sabe que la imagen es otra de las grandes armas de la sociedad actual. Sabe que ser guapo le abrirá las puertas hacia el trabajo que quiere conseguir. Poco a poco se hace visible para sus compañeras de gimnasio, las cuales quieren follárselo como perras hambrientas. Casadas, divorciadas, viudas, pijas… Todas quieren la polla del señor X. El señor X sabe lo que tiene que hacer, sabe a qué palo pegarse, sabe que la Señora pija es la mujer de Don dinero. No le fue muy difícil encontrar perfiles en redes sociales y averiguar dónde podría encontrarla.
El señor X le dice lo que ella quiere escuchar, y en menos de 24 horas están follando en la cama de la señora pija. Mientras se la mete por el culo recuerda una frase que vio en una de sus películas favoritas y que venía a decir que las pijas con dinero son las chicas más guarras que hay. El señor X puede decir que tenían razón. Toda forma parte del plan. Van quedando varias veces a la semana y la señora pija siempre le cuenta lo que a su marido Don dinero no le dice. Todo. El gran problema de estas mujeres casadas y ricas es,  que sus maridos siempre empresarios importantes,  no suelen estar por casa, son como fantasmas que traen el sueldo al hogar, comen, follan y hacen como que se quieren. Ella sabe perfectamente que más de la mitad de sus viajes por el país y el extranjeros viene acompañado de putas y sexo salvaje para Don dinero. Pero qué más da, ella es rica y puede tener siempre lo que quiera.
Así que el señor X obtiene un puesto de prestigio sirviendo copas para personas que la sociedad catalogaría como importantes. Ya se sabe lo que suele pasar con el alcohol. Hace decir la verdad. Es asqueroso lo que el señor X tiene que escuchar entre sonrisas de esta gente. Varias historias contadas con normalidad sobre niños a los que se follan. Cargos del estado comprados. Canales de televisión bajo sus dominios. Prensa. Todo lo tienen dominado, al menos esa es la impresión que transmiten y presumen de ello. Pero no cuentan con el señor X. Nadie de estas personas puede reconocerlo debido al cambio físico tan grande que ha experimentado. Va subiendo poco a poco en su cargo gracias a ser el amante de la señora pija. Va esperando su oportunidad. Y como todo en la vida, llega.
Se trata de la comunión de la hija de los señores Don dinero y pija. Será un gran banquete en un jardín de una gran mansión, y por supuesto el señor X se encargará de las bebidas de la fiesta.
Le resulta demasiado fácil buscar en la red. Pone lo que quiere y lo encuentra, no hay límites en internet, todo puede pedirlo sin estar físicamente presente. Así que prepara todo fríamente y espera con ansia el esperado día que le dé sentido a todo esto.
Se pone su ropa para la ocasión y se guarda en un bolsillo una foto de su amada. La fiesta transcurre sin más hasta que empiezan a escucharse gritos. Todo el mundo se altera al ver a varias personas sangrar por la boca. Todo esto es producto de las cuchillas que el señor X introdujo en el interior de la mayoría de la comida. Los vestidos de cientos de euros blancos empiezan a tornarse en rojo. El miedo y el pánico entran en acción. Algunas personas caen al suelo con la lengua totalmente cortada. Poco a poco se va dando la voz de alarma y todo el mundo deja de comer. Los servicios sanitarios hacen acto de presencia en pocos minutos. Don dinero y la señora pija están en una mesa aparte y le hacen un gesto al señor X para que valla y les cuente que ha pasado.
Esto es un auténtico desastre dice Don dinero. Tráenos una copa de algo fuerte por favor. El señor X obedece, se da media vuelta y desaparece por la puerta. En 5 minutos está de vuelta con sus copas. Ellos beben y miran con incredulidad como la fiesta de su hija se ha convertido en lo más parecido a la fiesta de fin de curso de Carrie.
El señor X saca un largo cuchillo de su bolsillo y se lo clava a la pequeña que celebra la comunión en el centro de la garganta. Es tan fácil quitar una vida, piensa mientras la niña se pone las manos en la herida abierta, de poco sirve,  ya que cae desplomada al suelo. Ni Jesucristo podría hacerla revivir. Sonríe el señor X y saca la foto de su amada y la deja caer sobre el cuerpo de la joven, avanza hacia Don dinero que permanece junto a la señora pija, la cual está vomitando tras presenciar la escena. Estaba embarazada. Usted la atropelló y ni siquiera se paró para socorrerla. Estaba embarazada. Mi hija se fue con ella por su culpa. Se las llevó a las dos, para siempre. Tras estas palabras el señor X acerca el objeto cortante a su garganta y se suicida. Mientras lo hace sonríe, piensa en su amada, pronto se verán de nuevo y su misión se ha cumplido.
Los periódicos nacionales abren sus portadas con este suceso. Un perturbado se escapa de una clínica mental y mata a la hija de gran empresario.
Dos días después los periódicos abren de nuevo sus portadas con este caso y su continuación. En el artículo en páginas interiores, se puede leer la crónica de la casi muerte de don dinero y señora pija, se dice que fueron encontrados en su salón cortándose la cara poco a poco, uno al otro, entre sonrisas y risas, y que los cachos del cuerpo que se iban arrancando se los daban al perro. Se cortaron poco a poco los ojos, la nariz, la boca, las manos, los pezones, el pene, el clítoris, todo mientras no paraban de reír. Por lo visto, permanecen ingresados en el hospital y su pronóstico es reservado .Alguien los envenenó con algún extraño componente nuevo en el mercado. Un producto que hace efecto a las 48 horas. Alguien debió ponerlo sobre sus copas. Así es la vida de puta.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Los Relojes

En un viaje de Valencia capital a Cullera, lugar de la costa valencia al que ya estaban casi llegando, un matrimonio sudamericano sufrió un avistamiento del que no fueron realmente conscientes.
Era aún de día y sólo recordaban el sonido estridente de la radio y las luces que se acercaban hacia ellos cegándolos.

Nada más. No recordaban nada más.

Al despertar vieron que estaban en la cuneta, con el coche en marcha y en estado de semisueño. Despertaron y siguieron su camino mientras se preguntaban qué había ocurrido.

- ¿Qué hora es? -preguntó el marido mirando su reloj.
 
- Las cinco. -Contestó su mujer.- Pero está parado, no puedo asegurártelo.
 
El hombre se dio cuenta de que su hora coincidía con el reloj de la mujer pero le extrañaba algo: la tarde estaba acabándose, se notaba en el cielo.
 
Llegaron a los pocos minutos a Cullera y lo primero que hizo el hombre fue entrar en una relojería:
 
Todos los relojes marcaban las cinco de la tarde, y como el suyo y el de su esposa, todos estaban parados. El dueño iba de uno a otro poniéndolos en marcha, dándoles cuerda, mirando las pilas.
 
El sudamericano se presentó y le confesó lo que le tenía preocupado, a lo que el dueño de la relojería contestó:
 
- Hoy ha ocurrido algo extraño, todos los relojes de la tienda se han parado a las cinco de la tarde.