Chap I. Catedral de Patalam
Colapso de Fe
gh
¡Maldita
sea la vida que se apoderó de mi existencia! ¡Maldita la hora en que pútrida
materia envolvió mi alma!
Salí de
mi casa por la noche como acostumbraba en esos días. Como siempre también, envuelta
en ropajes y amarguras. Caminaba, dejando atrás pasos que ese suelo absorbía
como roca que absorbe lluvia de lágrimas. Mi vestido terciopelo acariciaba con
ternura mi piel, cabizbaja y hundida en pensamientos, dejé caer mi cuerpo al
pie de la estatua de piedra antigua; con un alma que le asoma por los ojos,
castigada por su belleza, al igual que una reina posando arrebatadora.
Media noche, afuera de la catedral, y mi cuerpo
solo, recordando épocas pasadas, recordando, eterna soledad impregnada,
corazones estropeados. Interrumpió mis pensamientos el ave oscura que se
acercaba, extendí mi mano, y se acercó un poco más, y levantó el vuelo sin
dejar rastro alguno.
Perpetuidad, dentro de mi efímera
existencia de ser, dentro de mi propio cuerpo pintado con los colores que nacen
en mis ojos, iluminada por el cielo nocturno de mis recuerdos, respiro dejando
un lamento a cada aliento, he aquí en lo alto de la nada que tiemblo, Patalam,
flor mística, una estrella que atrapar, princesa que baila en un salón de
sueños en el que el Nosferatu de las Sombras no puede entrar.
Descubrí a lo lejos, atravesando el
viento, una silueta que mis ojos no lograban descifrar, y corté una flor de la
plantilla que nacía en la maceta de un lado, y jugaba con ella mientras buscaba
el rostro del caballero dueño de la forma, dentro del todo, pude saber que el
ignoraba que alguien le estaba recortando ese pedazo de tiempo.
Dejé
caer la florecilla al suelo, y miré como destruía en el espejo de agua, la
imagen de la luna proyectada, y al levantar de nuevo mis ojos al caballero,
descubrí que ya no estaba.
Revuelco
mi mente hasta lo mas profundo de su densidad, quizá, había sido el, y no lo supe, quizá era mi estrella, y lo dejé ir,
me quedaría, ¿el resto de mi vida llena de miseria y tristeza por eso? esa
dimensión, que me había atrapado, volviéndome un perdido y olvidado espíritu
triste, aun ahora me recuerdo agobiada, por la necesidad de dejar escapar, al
aire las palabras.
De pie de nuevo, caminé
hacia las puertas de madera fría de Patalam intentando penetrarlas, pero solo
logré descender hasta tocar los adornos
de cantera que la escoltan con soberbia, e inicié de nuevo el camino de regreso
a mi morada, en la tierra abisal que sostenía,
una fúnebre penumbra nocturna, asfixiándome en anhelos directos a la luna, que
estando fija en las alturas robaba mi pensamiento, mientras dejaba yo una
estela de pasos en la tierra.
Chap II. Volkhvy
Piel de Luna
gh
Un cigarro
consumía mi oxigeno como la pena mis adentros, sentada y mirando la ventana,
luna de sangre, lágrimas de polvo, y sobre mi regazo, Naamah, lechuza de la
noche anterior que había compartido mi lamento. Fumando, muriendo en un
suicidio lento, prendí las velas del candelabro, fuego bailando al ritmo del
viento, me recosté y Naamah voló a mi lado, cantando su murmullo de ave de
invierno. Bajo el nacimiento de esa
tarde, la primera estrella de la noche, sola, desnuda, se postró en lo profundo
del firmamento, me quedaba un momento, para pedir un deseo, no fue ser eterna,
no fue el detener el tiempo, no fue el ganar, riqueza ni poderío, fue mas
esencial, mas simple mi anhelo, se extendió ese día, en que al decidir de mi silencio dibujar en las
nubes mis recuerdos, de las dos o tres sonrisas que alcanzaban mis músculos ya
secos, intentando atrapar en la memoria, el método para volver a hacerlo, para guardarlo en el tiempo, y con tristeza
descubrir que se habían ido en el llegar de la nostalgia, y no me quedaba mas
que ese fragmento destrozado, en el intento, de transportar a mi mundo, los
pasos exactos para volver a sonreír.
Despertando del sueño del dibujar en
las nubes aquellos recuerdos, me di cuenta que Naamah no estaba ya conmigo, fui
hacia la puerta.
-Naamah mi unica compañía, ¿a donde
habías ido?- Silencio.
Llorando de angustia, volví a Patalam,
escuchando paso a paso, sin poner atención al demás silencio, la luna ya sobre
mis espaldas, habia cubierto con su nítido reflejo el manto del cielo. Logré ver entonces que la silueta del caballero,
que la noche anterior dejó mi mente en telaraña de dudas, lentamente se
acercaba, y entre sus brazos, atrapada Naamah, con sus ojos escarlata.
-Aquí está.
-¿Es tuya? La dejaré entonces en paz.
-No, llévala contigo. Ahora es tuya.-
respondió.
Abracé a Naamah y me volví con pasos
inseguros.
-¡Hel!... ¡Gaia! Men hendes Ild ligger
sort død, Ondskab qvalte hver een Glød…
(La oscuridad y muerte es su luz,
porque el Diablo robó el fuego de su aliento…)
Dijo mientras me retiraba y
sorprendida horrorizó mi cuerpo cuando de sus dulces labios escapó mi dulce
nombre.
-¿Cómo es que sabes así de mi?
-Sé aún más. Te veo, aunque hoy no
estes aqui, con mis ojos que al cerrarse caen rodando por las laderas de mi
alma, como la lluvia en la montaña, en la distancia, en la nostalgia. Hablar,
no, mejor callar, y asi, silenciosamente traer ante esos tus ojos que estan
viendo hacia dentro, hacia atras, lo vivido, sin desmembrarlo, vivo, porque si
no, no sería.
Dejó el lugar sólo de repente, y me
quedé ahí, con la mente convertida en caos, evoluciones de pensamiento, no
sabía, ni como dudar, menos imaginar, quien era, el triste poeta. Regresé de
nuevo a mi mundo ordinario, y recosté de nuevo mi cuerpo sobre el suelo de mi
bóveda de piedra, encerrada en mi casa sin esperar nada.
Sombra fugaz, el terror no lograba
penetrarme, cuando alcancé a ver al poeta de piel de luna tras la ventana,
contemplando mi perdida mirada…
Era joven y pálido, hermoso, tenía labios
rojos y ojos y cabellos brillantes y oscuros.
El alba estaba por llegar.
-Gud er ey her, men Døden nær… Hoy te
he mirado llorar, y por un instante me parecio tener corazón, firmamento que
tiembla a cada lagrima que a escondidas recogí, guardandolas en una cajita,
creyendo que asi dejarían de caer de tus ojos al mirar el encierro al que
estaban destinadas, el reloj de mi universo se detuvo para contemplarte,
temblaron las estrellas, las hojas de los arboles se agitaron, no pude decir
nada, de nada sirve poder atravesar los espejos aplastando planetas con los
dedos, si solo puedo quedarme en lo alto del cielo contemplandote en silencio.
Y se
fué. Así solamente.
Fallecí
con cada pensamiento.
Chap III. Varcolaci
Eclipse en Deada-Weag
gh
¿En
dónde se encuentra el límite entre la bondad y la maldad?
Con su hacha destrozó los
huesos de lo que una vez fue mi cuerpo, el Dios oscuro que gobierna este mundo,
en el centro de su laberinto infinito, esperaba, aguardaba con su cuerpo
piramidal de espejos, al mirarlo, se volvió mas hermoso que cualquier sueño,
pudo descubrirme, de pie entre el bosque de espinas de amatista. Su mirada
tenía estrellas que agonizaban, deseaba mirar lo que guardaba en el interior de
la armadura de mi cuerpo, deseaba destrozar mi alma y esparcirla en la tierra,
su grito, destrozó el templo de Kresnik, mientras lanzaba un golpe a mi alma,
un estallido, que contenía el poder y la sabiduria, el curso de la hechicería,
el sinuoso movimiento del Dragón Fafnir del Aegishjalm, la soledad y el dolor
desde el inicio del tiempo, golpe que desapareció cien galaxias, no entendí,
cuando se disipó el fuego y polvo, permanecí de pie en el centro de un cráter
de pequeña circunferencia con las fuerzas que me quedaban, mientras de mi espalda,
surgieron ríos de mi sangre derramada, manos en la cara, el tiempo, condenado a
dormir, mientras en el bosque de amatista, las hadas que toda su vida lloran a la
agonía de los muertos, lloraban un llanto que para mi no es ni una gota,
lloraban al ver como moría. Las nubes en sus colores destrozaban la luz, ciega,
muda, sorda, y ya sin fuerzas, caí sobre los jardines.

Abrí mis ojos apreciando
el borroso paisaje, y en medio pintaba el cuerpo del hombre de piel de luna
caminando hacia mi cráter, sin hablar me levantó y besó mi cuello
ensangrentado…
Me llevó a mi casa, y cuando recuepré pocas de mis
perdidas fuerzas, toque mi cuello y estaba frió, y las heridas de mi espalda,
estaban vacías de sangre ya.
Chap IV. Evolución Skogsfru
¿Quién soy? Nacimiento de Hel
gh
Despierto,
¿sueño o muero? ¿Dónde estaba Naamah?
-Aquí
estoy yo. –Respondió el caballero Dragón al notar mi desconcierto. Ya no estaba
la herida de mi cuello. Desapareció asi, solamente desaparecer, como
desaparecía el.
-¿Qué
fue lo que pasó?- le pregunté.
-Sueño, que vuelo dentro del arcoiris, y que cada uno
de sus colores me pertenece, como si mereciera el ser lejos de estas mis
sombras el que tuviera la anhelada gloria de una sonrisa que tus labios guardan,
unicamente para mi, pienso, mientras en el momento en el que te encuentro por
casualidad, deletreo las letras de tu nombre que conservan mucho de lo que soy
en ellas, y ha sido mi eleccion, el colocarte en el pedestal de la
inmortalidad, te he convertido Gaia, ahora en Hel, soy tan egoísta como el que
corta las alas de las aves que admira, para que no puedan volar, y admirarlas por
siempre para el solo…
Sin
entender lo que decía, me puse de pie, habia recuperado mis fuerzas… no pude
creer lo que estaba viendo, y a la fecha no puedo, tal vez sea solo un mal
sueño.
Vi mis
cabellos largos y dorados.
Vestía un
vestido verde y mi piel era pálida.
Tenía
la espalda, similar a un tronco de madera, viejo, hueco y podrido, y enseguida
la cubrí para que no se diera cuenta.
-¿Qué
me has hecho?
-No
quiero perderte nunca… No quiero que vueles como las aves admiradas, y por eso
te corté las alas…- Respondió.
Esa
tarde nublada, olía a muerte vieja, inexplicablemente sentí algo que no había
sentido nunca.
-¿Quién
eres?
-Draugr…
Dragón Blanco… El caminante de la muerte…
Lo miré
a los ojos…
Resta
en mi agonia, decir que él no era ya el mismo, en sus ojos de distorcion de
cristal no aparece el efecto de viento que parece seguirle a donde quiera que
va, en mi confusión, quise pensar, que aquí no puede estar, que en su silencio
de todos los dias pudo hablar…Caminante triste que buscaba su alma perdida, en
mi compañía, en el sabor de mi cuerpo sin vida, en el final del tiempo, en
episodios magicos que nos dibujaban, juntos y etermos.
Muda
gargola de roca a lo lejos atada, a una lápida cubierta de tierra, escuchó mis
pasos lentos, pudo sentir el vacio de mi alma, como yo el eco de su piedra, y
posando mi mano en ella, mirando el centro del cementerio, murmuré…
-Como
me gustaria, no sentir, ser de piedra, como tu.
Lloré
lágrimas negras, y con ellas, a mis pies hice crecer una rosa roja como los
labios de Draugr. Y más lejos aún sobre las ramas de un árbol, mi amada lechuza
Naamah, imaginé, como sería ser, porque ya no es vivir, reptando una eternidad?
Hasta
donde llegaría mi anhelo por la muerte?
Cuando
miré de nuevo la rosa que nació de mis lágrimas, ya había marchitado.
Así
pasó el tiempo, tal vez en voltear los ojos al cielo a mirar la luna, pasarían varios años. Siendo
inmortal, ¿cómo podía descifrar el tiempo?
Me besó
el Dragón de piel de luna. Intenté tocar su alma por un instante, en que de ser
nada intentaría algo para ser todo y no caer en el olvido, y con mas
fascinación admiré escondido el cansancio en sus ojos, en los que no pude descubrir
el motivo de su ser, por ser tan fuentes que convierten al pensamiento en polvo
al mirarlos. Lo vi bajo las lunas de Lemuria, caminando en la noche en el
horizonte sobre el mar, pienso que el mar, gigantesco viejo, arrebataba sus
lágrimas para embriagarse de sal.
Chap V. Stregoni Benefici
Divinidad en el Cementerio
gh
Caminé
entre lápidas que me daban el rastro de algun recuerdo, me sumergí en la
profundidad de mis adentros, mientras me sentaba en la abandonada tumba vieja
rodeada de imágenes de ángeles, y en esa soledad que me cobijaba, que me mimaba,
se añadía un proceso mas a mi mente, el dibujar, quien yacía atrapado bajo esa
piedra, caminando entre las calles, ¿que tan certero puede ser el pensamiento?,
un gesto añadí aqui, quiza uno mas alla, quizá las letras de su epitafio callaban,
lo que él quería gritar…
Tras
las rejillas de la tumba, se apreciaban rosas blancas, como si nacieran de sus
entrañas.
“Strigon
. Hijo de Dios que dio su vida por el
hombre”
…Anunciaba
el epitafio de la tumba bajo la que me encontraba.
Esa
noche de tormenta que no me dejaba, que no me soltaba, y permitía que el
recuerdo me detuviera al dudar y me hiciera pensar; me gustaba cuando el Dragón
de sus ojos el brillo me decia sus pensamientos, cuando su cabello se escapaba
de sus manos, y su sombra proyectada apagaba al sol huyendole, algo que me
hacía pensar en el, a pesar de que ya no lo había visto, fue imaginar mi
destino, de observar el final del tiempo de la mano de esta soledad, en el
futuro escrito que aun no sucedía.
Chap VI. Sabbat
El Cielo Sangra
gh
Viví
una muerte horrorosa. Dormía días cortos dentro de un féretro que se encontraba
bajo la catedral de Patalam, con los ojos abiertos, y la poca sangre que corría
por mis venas, era sangre fría, que mientras dormía, se escapaba de mi nariz y
de mi boca…
Me
levanté esa mañana, sin escuchar el murmullo de Naamah, voltee hacia la ventana
y accidentalmente miré bajo ella los espejos de mi bóveda del pasadizo de la
catedral, pero al ver mi espalda de cadáver, grité y maldije a Draugr… ¿como fue que de algun modo, mi principio era su
final, de estar en piedra imborrable cada segundo de cada tiempo, de cada
momento en que parece ya haberse vivido? quiza decir que no debí de asombrarme,
del suceso y el desenlace, que el trago amargo fue ya con el tiempo, el momento
dulce de pensar, no lo había, porque siempre era ese renacer de fuego en que
arde el deseo, de subir y apuntar al sol, porque siempre deseaba mas alla, ya
no eran días, sino años, o quiza siglos los que me engañaba, mientras de ese
atardecer bajo la sombra de esas columnas de piedra, llegó Naamah a posarse en
el atrio, de la catedral que mas adelante me advierte, que las sombras aun
serían muy largas, que el brillo breve sería solo una pausa, del caminar infinito
del alma, esta obstinacion, de pensar y admitir, que extrañaría lo que fui…
Entonces,
busqué a Draugr en lo profundo de los bosques, incluso en los amatistas, donde
morí una vez, ahí lo encontré, y su rostro había cambiado, no era un animal, ni
una fantasía, era una pesadilla, sus uñas eran terriblemente largas y escurría
sangre de sus ojos, estaba hipnotizado por la luna, Sabbat de luna llena, que
al momento de mirarla, comencé a ascender por las constelaciones, jugando con
el cosmos, estaba atemorizada, sin embargo, el deseo e instinto que me llevaban,
eran mas fuertes que mi horror. Caí en un sueño profundo, en el cual lento y
como si el momento fuera eterno, apareció Draugr, la propia luna ocasionaba el
brillo de sus ojos, el imprevisto
caballero de piel de luna sin decir nada, mientras las nebulosas gritaban
pidiendo sus pasos en ellas, y mientras los arboles vigilantes nos miraban,
bailamos al compas del viento, como si nadie mas hubiera en el universo, en una pausa pudo con sus labios rozar mi escote,
ansias, deseo, detente dije, no hacerlo, pero en el decir no y el aceptar que
deseaba hacerlo, fue, ya era mucho tiempo el de pensarlo, el de anhelarlo sin
conocer de el mas que un fragmento, asi, hermoso en luz de estrellas, que
descubrí ese momento, que temblé no por el viento, sino por tenerlo cerca, mis
labios recorrieron su cuello, suya mas que de nadie, sin importar cuanto pase,
cuan insistente e incesante se hiciera el tiempo, llevaria en su alma el sabor
de la mia, el de esa noche besarle dentro de la luna, mientras desesperado
quería mas, le
mostré lo que era, en el gesto que jamas nunca habia tenido, dejé salir mi espalda,
que no evitó esa noche la invisibilidad que le confiriera la oscuridad
absoluta, mientras mis manos su espalda desnuda recorrían, mi cuerpo y el suyo sin
terminar, porque en mi estaba el tenerle en esa explosion interminable, en el
escuchar de sus labios en mi oido suplicar, tenerlo en el borde del hacerle
estallar, y tomarlo del brazo y hacerle regresar, llevarlo de nuevo al abismo
previo, despues de pasion hacerle estallar, y de esa forma poder continuar, y
si era yo el mar, que insistente en sus olas intentaba a veces tocarlo un poco
mas, para luego retirarme, volverlo a intentar, y fueron sus labios los que hicieron
un delirio de saber de mi cada sabor en cada region que me pertenece, y yo
quise probar hasta el dulce mas oculto de su cuerpo, que no quedara ningun
centimetro sin tenerlo, anhelando, el de saber que nada de el me era prohibido,
que lo tuve por completo, que cada porcion de el decía mi nombre…
Desperté
entonces caída del cielo, sobre los jardines, mi boca y la suya escurrían
sangre asi como nuestras manos, el había recuperado su hermosa forma, miré
hacia el cielo, y estaba lleno de sangre y sin luna, pensé que se había ahogado
o perdido, o cambiado su órbita, pero, ese Sabbat, fue de varcolaci, Draugr y
yo nos comimos esa noche la luna, dejando al cielo de sangre lamentos.
-¿Qué
esperas de mi? ¿Qué te ame? Me temo a mi misma… Temo hoy, por lo que mis ojos
verán mañana.. ¿Por qué al convertirme en lo que ahora soy, solo pensaste en tu
soledad y no en la mía? No esperes de mi nada, dragón, pero te perdono porque
soy como tu y te entiendo, aunque de mi, no esperes mas que temor y respeto…-
le grité con desesperación. Se puso de pie y se perdió su forma alada entre
cada espina de amatista.
Chap VII. Dend Guddom som hun hadede
medens hun frycktede
Lamento canta en el Campanario
gh
Me asomaba diario detras de las vitrinas, y las estatuas de
mármol de la bóveda de Patalam a ver si Draugr volvía, sólo Naamah me
acompañaba esas noches, y entre la esperanza, la soledad y el rechazo, alcancé
a escuchar gemidos de lamento dentro del templo, salí del pasadizo secreto,
volteé hacia un lado y otro hasta encontrar una silueta que imaginé yo era la
de Draugr al centro de la alfombra roja que conducía al altar, me dirigí hacia
el, hasta que ví que se trataba de alguien más, dirigiendo sus plegarias a un
ídolo de yeso, ojos amarillos y cabello tan dorado como el mio que caía sobre
su espalda, bañado en sangre y con espinas en sus manos, se puso de pie al
verme descubierta, tratando de descubrirlo, tomé entonces la suficiente
confianza para acercarme, acaricié su cara, y pregunté su nombre,
-Strigon…
¿Soñé?¿ o fue real?, que tomaba su rostro entre mis manos, y
le miraba, para tratar de no olvidarlo nunca, ¿fue mi sueño? ¿fragmento de
tiempo?, o solamente un invento, de mi misma para decir que tenia algo mas que
ese abismo… ¿fue real? ¿o mentira piadosa?, o solo el futuro que me decía que
sucedería, que me advertía que debía llevar, alto el escudo para que la flecha
irremediable del amor, no me atravesara el corazón.
Chap VIII. Gud Sendebud
Estrellas en los Ojos
gh
Strigon… el nombre misterioso que
llevaba el hombre que había visitado la catedral, era el mismo que anunciaba el
epitafio de la tumba sobre la que en el ocaso me sentaba. Me dirigi entonces a
Catedral y en la gran cúpula esperaba su llegada. Cuando escuché los pasos que
se acercaban, descendí hasta llegar al altar, y ahí, percibí una figura alada a
lejos de la entrada, pensé que Draugr había regresado, entonces fue cuando de
ver todo no ví nada, estaba encandilada por su mirada, lo sabía yo, tenía al
mismo sol dentro de sus ojos, Strigon, con su forma alada apareció frente a mi,
y extendió la inmensidad de sus alas, era un arcángel del cielo, gallardo, un
guardián celestial, un príncipe guerrero, tenía labios de carmín y cejas abundantes,
su piel era blanca como la montaña de aquel invierno, y sus cabellos eran una
cascada de oro líquido que hacía su triunfal caída en su espalda y sus brazos,
vestía una túnica blanca que envolvía la belleza de su cuerpo, y a su derecha
portaba una espada de oro y plata, con piedras preciosas incrustadas. Lo vi
como un fragmento de firmamento que había caído a tierra, vivía en mis sueños
en otro tipo de mundo inentendible para mi, tal vez descubrí en él un laberinto
que conducía a mi alma por medio de plegarias, para encontrar la magia que
permitía compartir los anhelos de mis sueños, solo necesitaba dirigirme a él
arrodillada y con las manos unidas.
-No debes temer Gaia…
Desee con las fuerzas que no habian
sido robadas por mi asombro, salir corriendo y entender el caos por el que
estaba atravesando mi cerebro, mas el impacto de su mirada con la mia, no me lo
permitía.
-Mi nombre es Hel.- respondí con
firmeza.
-No intentes matar a Gaia… La mitad de
Hel es ahora un cadáver con el que has intentado matar a Gaia. Si olvidas a
Gaia, Hel se convertirá completamente en el cadáver al que temes, y de ti
quedará un monstruo.
-Tengo mucho miedo- le dije, habiendo
perdido la firmeza con la que respondí a su primera cuestión.
-Lo se. Conozco muchas cosas de ti. Sé
que cada noche lloras lágrimas de sangre, sé que de tus labios el escudo es de
hierro, pero el de tu corazon es de papel, porque se desborda la tristeza de tu
soledad… Por ello maldigo a Draugr – gritó el ángel furioso
– aunque en mis débiles palabras no
tenga el poder de maldecir, mil veces con todo lo que soy… La inmortalidad, no
era para ti… Te robó toda ilusión… -
Me tendí entonces al suelo, y de mis
ojos brotaron cascadas de lágrimas que llenaban la catedral y la sal empezaba a
carcomer las baldosas de mármol, ese diluvio de pena que hasta el mar
envidiaría en los tristes veranos.
Entonces me abrazó con una dulzura que
empalagaba toda mi piel, el conocía la situación de mi espalda y aun asi quiso
tocarme, y abrazados nos mantuvimos hasta que se hizo de noche y cantaba Naamah
acompañada del grillito de afuera. El
sonido del reloj Cucu, que a tres paredes se encontraba, de cada hora
mencionaba un anuncio, y su pequeño habitante salia a la luz, de igual forma
como si en el lapso entre hora y hora se preparara para ese instante, para al
salir por la puertita hacer su mejor esfuerzo y dar el mejor espectaculo,
admiren mi esfuerzo pleno de hacerles saber, que del interior de mi casita
salgo para dar un cucu intenso en las mañanas, sereno por las noches, lo
descubren?, que cada hora me convierto en alguien diferente para que se
percaten del correr del tiempo… solo nos separamos y besó la alfombra roja de retirada con sus etereos
pasos. Así fue, que Inframundo y divinidad se mezclaron en un abrazo, dentro de
la catedral de Patalam, donde comenzó, no se aún si la tragedia de mi vida, o
el romance de mi muerte.
Esa noche rogaba la luz
de las estrellas sus ojos de nuevo, para convertirlos en suyos tambien, bajo
destellos de luz, mientras sentada en la parte alta de catedral de Patalam, me
condenaba a mi misma con los recuerdos, viviendo estas interminables lineas que
nunca imaginé escribir, en las ocasiones en que a veces lo detestaba porque por
ser de luz no entendía lo que era yo, en otras en que se volvía lo unico que
tenía, en que hubiera deseado no haberlo perdido, pero en cada una de ellas,
terminaba esperándole, pensé que no debia acercarme de nuevo a el, pues mi
destino en caos eterno lo atraparia, quiza decidi no lastimarlo, porque al
parecer todas las cosas hermosas que había querido, habían sido destruidas por
el olvido, el dolor y el tiempo, mientras parpadeaba una estrella, podría pedir
un deseo imaginando que lo pedía a su mirada, quiza el volverle a ver, no podia
regalarle las demás estrellas porque las mas hermosas estaban dentro de sus
ojos, ni podía bajar constelaciones para que pisara en ellas, asi que hubiera tenido
que poner mis sueños para que pisara en ellos, quiza hubiera tenido que pisar
con cuidado, pues eran sueños que estaban llenos de él.
Chap IX. Nattens Tragoedie
Satvrnalia
I
gh
Callaban las estrellas a la sombra del caminar
del reloj de hueso que marcaba medianoche. Agobiada en confusión y anhelo, me
dirigí al cementerio, mordiendo mi
lengua y reteniendo mi lamento, y al llegar a la tumba de Strigon, con las uñas
terriblemente largas de mis manos, rasgué la piel de mis brazos, y con una vara
de hierro que sostenía lo que alguna vez fue una estatua, de una tumba cercana,
con ella destrocé mi pecho, y con la corteza de los viejos y secos encinos y
abetos, con ella destroze mi cara, y mis piernas, mis piernas las desnude de
carne al regresar a mi féretro en la boveda de la catedral, arrastrándome y
dejando un sendero de sangre en el camino, y al llegar a la catedral, y estar
ante el señor de los ídolos, no sabía si insultarle o platicarle mis penas,
hasta que me quedé dormida ahí recostada en el centro de la catedral de
Patalam, mientras el sol asomaba tras los bosques de Carpatia en la lejanía.
-Sabes…-
Desperté
al escuchar de los labios de Draugr que había regresado, estaba cubriendo con
su capa negra mi cuerpo desnudo.
-Nunca
imaginé lo egoísta que fui. Aun no logro concebir…-
Más mi asombro no terminó
ahí, estaba dentro de la bóveda, el ser alado había llevado mi cuerpo a la
bóveda del pasadizo, y mientras se arrepentía de su error en el que yo me había
convertido, me levantaba tambaleante y débil, tan débil que hasta la luz de la vela
del candelabro de la bóveda, me encandilaba, y vi de nuevo mi cuerpo, de
frente, cada herida que me había hecho, había desaparecido solo asi, como
desaparece él.
-…Aún y que sé que me desprecias, y
que lo último que quieres ver es mi presencia, te juro que viviré el resto de
mi vida como tu esclavo, como lo que tu quieras, como genio de desaliento, en
esta época que mas que nunca me demuestra al ser alado que vive en mi interior,
caminando desnudo bajo una eterna granizada, y a oscuras cerca de hondos
abismos…- se lamentaba mientras salíamos de catedral caminando al cementerio, con
nuestros vestidos deteníamos célebres la danza del viento. Llegamos al campo
santo y corrí hasta la tumba de Strigon, y observé que sus rosas ya habían
marchitado, Strigon se había llevado toda la belleza con el, y no dejó hermoso
nada…
- yo no soy el principe de sol que
viene en su carro de oro,- insistió Draugr como conociendo mi sentimiento hacia
Strigon sin yo saber siquiera que sabía de su existencia.
-…celeste arquero triunfador, de
coraza de luz, que trae a la espalda la carga brillante llena de flechas de fuego,
que a su mano derecha se encuentra su espada soberbia, que puede acercarse a ti
y lograr de tus labios una sonrisa, me encuentro de rodillas en el desolado
suelo del cementerio de mi muerte, lleno de sombras, preguntándome porque no
puedo ser como la terrible y muda esfinge de piedra que esta a la entrada del
cementerio, y no conocer el dolor.-
Limpié entonces las lágrimas que
recorrían su rostro sin poder evitar recordar aquella vez que había limpiado
las de Strigon. Él se quedó ahí sentado mientras yo daba vueltas por las
orillas dentro del cementerio, viendo
donde moraban los demas muertos, no temían mi forma de cadáver pues ellos ya
habían pasado por ello, incluso con su silencio parecían entender mi lamento. Entre
las sombras, una lápida y otra, brillaba una luz que parecía, la luz de la
plantita de luciérnagas fantásticas que crecía dentro de la bóveda, y esperando
esparcirla, apareció de repente el amado ángel, con sus ojos estelares y sus
vestidos de luz…
-La catedral en su misterio y sus anhelos dejan volar los recuerdos,
del ir y venir del tiempo, del anhelo simple del alma y volar en el viento,
escuchas? es el murmullo en el bosque lejano del ansia y la paciencia
mezcladas, mientras el corazon se transporta a nuevos horizontes, en el subir y
bajar de la flama de la vela que alumbra mi alma.
-Strigon…
-Gaia… calla y no digas nada…
-No puedo comprender, qué es esto que me pasa, no
comprendo, porqué tu ser de luz y yo de sombra.-
Me besó, y desapareció. Solo así, como solo el ángel
desaparece.
Regresé entonces con Draugr, cerca de la tumba de
Strigon.
-en la tarde imaginaria de mi escenario en el teatro de mi
mente en que apareces sonreirás y la amapola de interminables hojas y triste
aroma dejará en tus manos el pensamiento que se escurrirá, dejandome solo ante
ti como espectador, y mi mano de tu mano tomara la parte del mundo real que me
hace falta, para completar el rompecabezas que necesitaba, y en las mañanas, al
despertar decir que no fue un sueño, y cerciorarme, al descubrir que el aroma
de tu cabello aun persiste en mi memoria… porque no fui
yo?, porque de algun modo es siempre que soy el espectador de mirar la risa, la
fortuna y el escenario de otros, y al intentar construir mi propio teatro me
encuentro solo entre ruinas y despojos?
Faceta de escena del efecto de relampago, que
me dejará de pie en el escenario, para gritar que te quiero. – Dijo Draugr con
el corazón entre las manos.
-Tu no me quieres, dragón. – le
respondí mientras tomaba su mano. - lo que pasó en aquella noche de sabbat fue
solo un sueño.
Me quitaste lo único que tenía.
-No lo fue porque yo lo viví – lloró
–tu estás enamorándote de ese ángel soberbio…-
-Si siento algo por alguien déjame
sentir… eres egoísta y te aferras negándolo.
Sacó una rosa de entre sus manos,
donde estaba su corazón y la puso en mi cabello dorado.
-Cómo hubiera querido que fueras mía.
– agachó la cabeza – cómo hubiera querido que viviéramos nuestra muerte juntos…
pero entiendo que por mi solo sientes rencor. Pero te diré una cosa, así, como
mendigo, no me arrepiento de tenerte a mi lado, aunque no merezca ni una sola
sonrisa de tus labios, ni una caricia de tus manos… me voy, no solo sangro
cuando se lastima mi cuerpo, sangro cuando quiero.
Chap X. El Regalo de Strigon
Satvrnalia II
gh
¿Puede la nostalgia escribir su
nombre?
-Dejaré correr libremente tus
sollozos. Solo quiero que sepas que estoy aquí en silencio.- Se puso de pie y
me abrazó. Acaricié su cabello, y Strigon acariciaba el mio. Apareció entonces
el primer rayo del sol del alba, y le dije, que no podía permanecer ahí, corrí,
pero no logré ni llegar a la entrada, estaba ya tirada con las piernas rasgadas
en la piedra de las lápidas.
-¡Espera, no te vayas! Tengo algo que
darte. –Me lo das en Patalam – contesté con desesperación- de otra manera
moriré.
-Gaia… confía. –
tocó mis piernas lastimadas, y
después, con sus alas cubrio mi cuerpo y entonces, fue, que después de tanto
tiempo, volví a presenciar un amanecer… Amaneceres había visto muchos.. pero
nunca, alguno como ese. Strigon había
robado mi pensamiento, todo, mi vida y mi muerte, estaba todo dedicado a
Strigon.
Ese había sido el regalo mas hermoso
que nunca había tenido.
Y así, envuelta con sus alas, me llevó
a mi morada, la bóveda bajo la catedral de Patalam.
-Robe de ti un instante en que sin que
te dieras cuenta, trate de grabarme en la memoria cada rasgo de tu rostro, cada
gesto que en silencio haces y hace que me encantes, una o dos partes de mi
agonizan despues de hacerlo, porque para desgracia mia, admitir que me agradas
no evitara que la polaridad y el tiempo arrase, queme y deteriore este
presente, que morira en recuerdo igual que el viento, no tendre mas al final,
que este intento inutil de precipitar en la memoria, el momento en el que has
existido, que puede hacer mi esperanza cuando ya no te encuentre, callarse y
mirar su mundo aparte que no pudo tocar el tuyo, ya no podre cada ocaso,
esperar el sonido de tus pasos que te traian consigo a mi sepulcro.-
Dijo Strigon. Y respondí
-Es que esto no puede ser, tu,
guerrero de luz y yo, fenómeno desmembrado de las sombras. Acepto que tu
tambien me encantas, que me gusta que existas, porque asi puedo admirar una
obra de arte lejos de la galeria, quiza no pueda volver a decir esto, por eso
te lo digo ahora, imaginate que soy todo valor, y que puedo decirte que te
quiero, estrella mia que estas tan lejos, y tu, quiza tengas compasion de esta
mujer cadáver atado a la tumba, y le mires con tu mirada de estrella y sonrias,
y que de la aurora de tus ojos, me regales un pedacito para alumbrar la
eternidad de mis días… Pero sé que sería imposible, porque tanta luz me
quemaría.
-Lloras
porque soy paloma y tu eres cuervo, que importa, contigo voy a donde sea, ¿no
lo comprendes? estoy a ti atado, lo que soy de alma, te pertenece, porque jamas
nunca nadie habia estado, en el interior de la coraza de oro que porto.-
-me
esclavizo por ti si asi lo quieres, si puedes, hazme, a tu imagen y semejanza,
dejaria por ti la muerte, porque siendo inmortal, no encuentro otro modo, que el
de dar mi existencia por ti, angel, que no hay nadie mas, que la merezca.
Tengo
miedo.
-¿De qué?- respondió.
-De que solo me ilusiones. No quiero
perderte.
-Eso no es posible.
Y desapareció de la bóveda. Así, como
solo sabe desaparecer él.
De mi soledad, pudo la nostalgia
escribir mi nombre en las sombras de los arboles que iluminados por la luna
tras el vitral, se arrullaban con los grillos, los cuervos se posaron en las
ramas y se burlaban de mi, como si fuese el espantapájaros derrotado que inmovil
se ha fascinado de un ángel que jamás lo tocaría sino para cortar una ramita de
su cabello de paja.
Chap XI. Hojarasca en mi Espalda
Luna de mil Caras
gh
Extraño las manitas que en mi hicieron perecer.
Salí esa noche a lavar mi cuerpo y cara en la fuente
a un costado de Patalam. Desnuda, sólo vestida con los rayos de la luna, el
viento frío recorría cada centímetro de mi cuerpo. Escuché un ruido, y me cubrí
con mi vestido, especialmente mi espalda de madera seca y podrida. Casi
vestida, busqué entre la niebla la procedencia del murmullo, cuando escuché el
tronar de una hoja seca que me hizo voltear rápidamente la cabeza, y ahí
estaba, con sus ojos brillantes, y sus cabellos volando por el viento, no
Strigon, sino Draugr, vampiro dragón.
-Ahora que se, que te has enamorado,
una palabra dulce que debia decirte y no la dije, admitir que te amo, que me
bastas, para seguir, confesarte que eres lo principal que no esperaba, no de
este modo, de la manera como te encontré, quiza, que era la unica forma, o la
manera como debia ser, porque era la ultima manera, lo ultimo necesario, Hel
mía, si es que puedo llamarte mía, cuando digo tu nombre, tu sabes cual es,
pero no sabes, cuanto y de que modo lo digo, cuando en el vacio interminable de
mi destino, necesito decir, que formo parte de algo mas hermoso, que de lo que
he soñado, es cuando la llave magica se vuelve tu nombre, decirlo, como frotar
lampara magica que me concede el deseo, mala suerte para mi, peor para mi alma,
porque soy el fragmento de rompecabezas que no encaja en el cuadro de tu vida,
porque cada una de las partes ya estan con su complemento, y soy la parte que
sobra y no corresponde.
-No
digas eso.- Respondí – No te tortures Draugr.
Entramos
a Patalam, y ese amanecer no quise dormir en el féretro, nos quedamos sentados
en el escalón tras el altar, y tomamos una copa, no se si de vino tan rojo como
la sangre, o si de sangre tan dulce como el vino.
-me detesto, el hacer mio el deseo de
hacerte de nuevo mia, siendo que no lo merezco, pienso, siento, miento si no lo
confieso, mi lagrima expande el universo, mi deseo lo sigue y no quiero, porque hacerte mia es mas que eso, es
el conjurar juntos el viento, la lluvia, el ensueño, deseo mas que eso, porque
no me basta el tener de tu piel y tus labios un momento, quiero la eternidad
completa comiendola a besos, quiero que hagas, de mi sangre tu festejo…-dijo,
mirando el candelabro que se tambaleaba al ritmo del palpitar de su corazón.
-No se – respondí – si es el corazón
quien te dicta eso, dudo si es el deseo o la soledad, casi creo que es la copa
atrapada en tu mano.
-Mañana juro, que repetiré las
palabras como si mi lengua fuera un espejo.
-Esperemos.
Desperté en el atardecer.
-Velé de principio a fin tu sueño, y
de tus respiros robé tu aliento, cada aliento tuyo será una piedra para
construir mi mausoleo, y atrapar mi cuerpo en tus restos, de cada uno de tus
gestos he recogido y escondido en mi memoria la figura, he pintado sus colores
irrepetibles, en mi mapa de texturas para levantarte un templo, intentaba tocar
tu mano sin que tu te dieras cuenta, el susurro de la cancion de tu sueño me
hacia imaginarte soñando que soy yo, quien te sueño. – dijo al verme despierta
Draugr.
-Me gustaba retirar de tus mejillas
tus cabellos, y tratar de imaginar tu figura bajo tu vestido verde, que a cada
movimiento era un anhelo, de resbalarse por tu piel suave para ver la belleza
que está vistiendo. Mato y muero por ti, Hel, te amo.
Me besó.
Yo no.
-¿Porqué hiciste eso?
-Porque vi el brillo de tus ojos, que
me dijo que lo hiciera…
-Luna de plata, te comeré otra noche,
por delatarme.
-No parece que existas, en tu
indiferencia hacia mi, deberias de encontrar algo de miedo, deberias temerme,
porque podria convertirme en un rayo de esa luna y abrazarte mientras duermes,
convertirte en mi diosa y adorarte.
Chap
XII. Ulven
Satvrnalia III
gh
Cada parte de mi cuerpo estaba
confundida. No sabía como reaccionar. No sabía nada. Se escapaban lágrimas de
mis ojos que se enjugaban con la amenaza de la tormenta del cielo. Sentada
sobre otra tumba a lo lejos, una que ya no era la de Strigon, pensativa, el
viento me soplaba muchos pensamientos. Dentro del mausoleo, sentada sobre el
epitafio, permaneci mientras llovia el cielo. Apareció Strigon. Así solamente,
como solo el aparecía.
-La piedra de mi sepulcro pide a
gritos tus manos.
-Tu eres la representación de Dios,
Angel… y es contra quien debo luchar. No puedo ya.
-No puedes… ¿Qué? ¿Qué es lo que no
puedes?
-No quiero seguir este romance.
-No existe ningun romance. Por cierto…
no has sabido nada de Naamah?
-¿De qué hablas?- Me horroricé al
recordar, que Naamah se había ido desde aquella noche.
-Te digo que vayas a mi sepulcro.
De prisa salí de ahí hacia su
sepulcro, donde encontré un bulto de plumas, que estaba ya frío.
-¿Qué le han hecho?- corrieron 7 lágrimas
por mis mejillas, que caían a la tierra, y hacían nacer rosas rojas.
-Fue Draugr. No deberías confiar en
nadie. Sabes solo yo puedo matar vampiros…
Dejé de escuchar. No lo podía creer.
Draugr sabía lo que Naamah significaba para mi.
-¿No ves que el es del inframundo?
-Prosiguió- te digo, que puedo hacer uso de mi bola de fuego…Es hechicero, es
mentiroso, baila y canta a la luna, aúlla junto con los lobos y es amigo de los
duendes, los gnomos, los gatos y los trolls…
-¡Al igual que yo!- respondí, mientras
recogía el ave de la tierra y sin escuchar lo que el continuaba diciendo, me
fui a la bóveda de Patalam, a descansar en el féretro.
Tarde, aparece la imagen de Draugr
sobre mi féretro.
-Te odio.- le dije.
-¿Qué dices? No te entiendo.
-¿Qué le hiciste a Naamah?
-Humm… Naamah está, lista para atacar,
lechuza salvaje ojos de cristal, se encuentra sobre la cabeza de esa estatua
vieja.
Volteé. Ahí estaba, tan misteriosa
como siempre había sido Naamah.
-Ha estado ahí desde anoche. Cuando te
fuiste al panteón, me dijo que habias pensado en mi, me dijo que le platicaste
a la luna algo de mi… dime si Naamah me ha mentido, para no creer en sus cortos
murmullos ya.
-Strigon me engañó.
-¿Strigon?
-Sí. El ángel.
-Lo siento, no lo celebro, porque
antes de que mi corazón tenga una gota de sangre, debe escurrir el tuyo.
Chap XIII. Testimonios de Oro
Adam Chava Chuz Naamah
gh
Quise buscar en la tierra del
cementerio, las rosas rojas que nacieron de mi llanto, recordando a cada paso
cada palabra del ángel para darme cuenta, cuál era mentira.
Llegué hasta la tumba de Strigon, e
intenté desprender las rosas ya marchitas de la tierra, cual haya sido mi
sopresa, que por mas que jalaba no lograba, hasta que con el tallo seco de las
flores, se había venido un trozo de tierra. En el fondo, del botón de una de
las rosas, ví un resplandor, no fue hasta que abrí los pétalos con los dedos,
que ví 7 guijarros de oro. Los saqué del fondo del botón, y los puse en un
escondido lugar, de terciopelo que tenía mi verde vestido. Mi mente convertida
en un caos, interrumpido por la llegada del ángel.
-Dime Strigon, ¿cómo es que puedes
matar, seres que son inmortales?
-Puedo terminar con sus
insignificantes vidas con agua que nacen en mi boca, o con mi flecha de rama de
manzano.
¿Qué estaba él diciendo? No lograba
descifrar, cada letra de sus palabras. ¿Qué es lo que lo ha cambiado? ¿Quién?
¿Insignificante? ¿Se refería a mi?
-recuerda que soy uno entre ellos.
-No lo eres. Tu eres diferente.
No comprendía yo, cómo era posible
cambiar tanto, o engañar tan adentro.
-Y dime Strigon… ¿Podrías a mi, darme
ese regalo?
-en las ocasiones en que pienso que
necesito mi coraza dorada para mirarte, te vuelves la parte de la vida que me
hace olvidar lo que soy, y cuando creo que tu puedes ser la unica que me haga
olvidar mi atadura al sol, eres quien mas me hace recordarla, admito que no te
entiendo en ocasiones, y en la noche, cuando pienso que no eres mas que un
habitante mas de este mundo en el que he caido, dentro de la monotonia, parece
que puedo hacer que mi mente no piense en ti, pero en el amanecer, cuando te miro dormir en silencio, encuentro
algo diferente en ti que de noche no puedo ver, algo que contiene no se que, y
en ocasiones me gustaria tocar tu mejilla con mi mano, y escuchar tu suspiro al
sentir el viento que se atreve a entrar fragmentado hasta tus hombros, pero al
moverte inquieta tengo que volver con el sol, donde tu no logres verme. No
sería capaz, de privarme de tal felicidad, de poder atrapar con mis manos, cada
uno de tus movimientos.
-Eres, como el admirador de aves que
corta las alas…
-Lo soy. El día que me enamore de ti,
lo haré, el día que comprenda lo que sientes, te mataré, te convertiré en la
terrible esfinge a la entrada del cementerio, y después ya no sentiras nada…
-¿Porqué hasta que me ames?
-porque así lograré comprender, que un
amor entre luz y tiniebla, no puede ser.
Chap XIV. Satvrnalia
El Reino del Mal Gobierno
gh
¿Cómo es que se enamora un ángel?
-¿Ahora sí me lo dirás?
-¿Qué cosa quieres que te diga,
Draugr?
-¿Qué fue lo que aquella noche le
platicaste a la luna?
-Despues lo sabrás.
-¿Cuándo?- dijo mientras caminaba
alrededor de las lápidas del cementerio, y yo, sentada dentro del mausoleo, le
respondí
-Ya será el tiempo. Ahora tengo que
irme.
-Pero hace mucho que no te veo. Dama linda de alma de cristal, cualquiera de tus suspiros
a mis oidos, son un canto en C-Menor, princesa del cementerio, al encontrarte
en Patalam, no quisiste mirar mis alas a
la espalda, no deseaste de ninguna forma
contestar al saber que te protegeria, aun puedo recordar las tardes en que de
mis sombras te miraba, mientras tu mirabas el atardecer, mientras tratabas de
ignorar que te molestaba que te siguiera a todas partes, mientras te
comportabas tan orgullosa, tan altanera, sabiendote preciosa… Dime si te enfada
mi andrajoso ser, y tal vez tengas razón, cómo un pobre mendigo de alma como
yo, quiere estar a lado de la princesa del alma de papel…
-No me molestas. Pero debo irme a Patalam.
Comencé a caminar con destino a
Catedral. Volteé hacia atrás, y ahí estaba el, Draugr con tristes ojos me
miraba.
-¿Piensas ver como me alejo?¿Estarás
ahí hasta que en sombras desaparezca?
-lo haré. Estoy maldiciendo al suelo,
porque envidio los besos de tus pasos. Suelo que es suelo, viejo, lleno de
polvo, sucio, sin corazón, y lo único que tiene adentro, es roca y mas roca,
afortunado, con el pisar de tus pies, y si yo tengo corazón, pero no soy
siquiera, digno de una sonrisa tuya, entonces ¿Qué diablos seré? -
Lo tomé de la mano, y lo llevé a la
bóveda de Patalam conmigo.
-Fue mi error haberme fascinado
contigo, descubrir similitud entre los dos, que me llevaba a suspirar esos dias
y los demas, esperando mirarte pasar, cada noche fuera de la catedral, desde la
copa del Laurel, te miraba llegar, plasmaba en mi memoria cada uno de tus
movimientos, para tener el valor de esperar al dia siguiente, y si no sucedía,
esperar que el mundo vuelva a girar. Las palomas en su vuelo reían al mirar mi
derrota, en la que en silencio callaba mi deseo de tenerte cerca un instante,
estatua en silencio, del lamento del alado ser que a la dama admira, que en su
soledad suspira.
-Discúlpame Draugr. He sido muy cortante
contigo.
-No me digas eso Hel. Si mi presencia
no te agrada, me iré sin buscarte otra vez, ataré mis manos y mis piernas a lo
alto de Carpatia, y vendaré mi boca para ni siquiera suplicar, que me permitan
oler de nuevo, el perfume de tus cabellos.
Besé su mejilla.
-¿Qué paso con el ángel?
-Lo he visto… a veces..
-¿Estas enamorada?
-No lo creo…
-¡¡Gaia!!- interrumpió quien menos me
esperaba, quien menos deseaba en ese momento.
-Gaia te dije que no confiaras mas en
ese dragón…
-Ella dejó de ser Gaia hace mucho
tiempo. Es Hel. – respondió Draugr retando a Strigon, mientras éste no sacaba
de su derecha su espada de oro, sacó de su carga, sus flechas de manzano.
-Todo este tiempo queriendo atraparte,
maldito, y cuando por primera vez me topo contigo, te encuentro con la mujer
que amo..
No pude entender nada. Mi mente era un
revuelco de pensamientos.
-Prefiero morir como caballero, a
dejarte al lado de este angel soberbio, Hel. – dijo Draugr.-
carezco de arma alguna, no lo necesito, Strigon, usa
tus flechas en mi cuerpo, que hagan de mi carne su festejo.-
Jaló Strigon de su arco, sosteniendo
la flecha apuntando al corazón de Draugr, y dejó escapar la flecha, la cual de
un segundo a otro, estaba ya clavada en el corazon del dragón.
-¡Ja ja ja ja! ¿Crees que puedes así
deshacerte de mí, mediocre sirviente?- gritó Draugr
-¿Qué clase de vampiro eres?
-No soy cualquiera, Strigon, soy yo,
el dueño del inframundo…
gritaba el dragón mientras abrazaba yo
su pecho, no quería que nada le pasara, y miré al angel, el odio y soberbia que
lo inyectaban, y la minima sorpresa de saber que sí me amaba, se desvaneció al
ver que las estrellas de sus ojos se escondían para dar paso a nebulosas de
azul índigo y su boca, segundo con segundo se abría, hasta que aprecié que un
extraño líquido salía del fondo de su garganta, como un géiser de agua
hirviente.
Supe lo que debía hacer. Hice lo que
quería hacer.
Chap XV. Bajo la Luna te pienso
Grito en Patalam
gh
-No llores mas, Strigon. No es tu
culpa. Yo lo quise así.
-Suéltame Gaia. Voy a matarlo.
Y desapareció. Solamente así, como
solía desaparecer.
Me puse de pie, y de mi bóveda, detrás
de la estatua de Aquino, guardaba una daga, que oculté en la manga de mi
vestido verde.
-Perdóname, Hel.-
Dijo Draugr al llegar a mi casa, con
una rosa en la mano.
-Préstame tu mano.
La extendí. Quité el guante que la
cubría. Estaba podrida ya, como mi espalda. Y por mas que Draugr la tocó, fue
imposible sanarla.
-¿Y tu pierna?
Me la mostró. Estaba intacta. No había
nada, ni un rasguño, nada.
-¿Por qué intentaste salvarme? Sabes
que ni eso que sale de su boca ni nada, me hace daño.
-No es eso. – respondí.- Pero no te
preocupes por mi cuerpo. Mi alma no ha sido dañada.-
-Te quiero.- Finalizó, y levantó el
vuelo hasta desaparecer en el infinito.
Strigon me amaba. Y cuando vi la silueta de Draugr,
fue que me dí cuenta que en realidad era a él al que yo realmente amaba. Esa
era la misma silueta, que aquella noche fuera de Patalam, mis ojos no lograban
descifrar, y la silueta de aquel hermoso ser del que, recorté un pedazo de
tiempo. Enamorada del hombre de piel de luna. Supe que lo amaba desde la
primera palabra que crucé con el. El ángel me había utilizado. Pero cayó en su
propio juego. Como arlequín en el escenario, brincando las baldosas sin pisar
las negras, pisando solo las blancas, lanzando gritos desgarradores en un
Apocalipsis, al verse ser el centro, de las miradas de todos los espectadores
tras los telones, antes de darse cuenta, ya pisó una baldosa negra. Tenía que
decirle al Dragón que era a el a quien amaba, que sin percatarse, había robado
ya mi corazón, que por él estaba inundado de amor, me guardé un suspiro, al
pensar aquella noche de estrellas, si es que a la primera debi haberle pedido
el deseo de amarlo, de deletrear dos palabras que escribí en mis labios, que
pegados a su cuello quería susurrar, interrumpí mi latir para dárselo a el,
detuve el tiempo para guardarlo en un cajita, junto con mis ansias de decirle
que lo amaba.
Subí a
la catedral y solo estaba Naamah. Ya que se estaba metiendo el sol, fui hacia
el cementerio, y cuando llegué, vi la figura de Strigon moverse dentro del
Mausoleo de sus ancestros. Busqué al Dragón de piel de luna, en cada rincón del
cementerio, y no estaba. Bajó entonces Strigon, y lo tomé del brazo, y le
pregunté si esperaba a Draugr. Asintió, y tomándome por sorpresa, comenzó a
besarme, y me retiré, y le dije, que ya sabía que estaba jugando conmigo.
-Puede
ser que al principio… pero ya no es asi… en serio te amo.
-Pues
no te creo, y si te creo, yo a ti no, porque no lo permitiría a mi caprichoso
corazon.
Bajó la
cabeza, y voló de nuevo siguiendo el camino de sangre que dejaba el sol en el
cielo… el ocaso.
Chap XVI. Toten Kußßen
Proceso deLuna Llena en Catedral
gh
-¿Donde
estabas?
-Fui a
aclarar mis sentimientos.
-Pensé
que no te encontraría… Dragón Blanco, quiero decirte algo.
-Shhh…
Calla Hel. No digas nada. Lo que vas a decir, ya lo se.- y puso un beso en mi mejilla.
El mas preciado, de todos los que había recibido.
-Deja
que la luna derrame dulces melodías a nuestros oídos, ella cantará la sinfonia
de tus labios que me dirán lo que siempre quise oír.
Ruidos.
Apareció de pronto, la forma alada del Stregoni Benefici, gritando y
maldiciendo.
-Empuña
tu espada, demonio, limpia la sangre que ya tiene para la nueva batalla. Saluda
a tu muerte.
-Ataca.
Mi carne no te teme.
Abrió
los brazos y mostró el cuello con sarcasmo.
-Dile
Adiós a Gaia.
-No se
quien sea Gaia.
-Dile
adiós a Hel, que al entregarme su cuerpo la hice Gaia.
-¿Qué
dices?- el silencio reinó en Patalam y Draugr clavó su ojo gris y frío en los
míos.
-¡Eso
no es cierto! No lo creas, Dragón…
-Ahora
comprendo todo… No hay nada que decir, Hel… Gaia…
Caminó
Draugr derrotado sin siquiera haber comenzado la batalla, hacia la salida de la
catedral… mientras el ángel furioso, comenzaba a abrir su boca…
-Pensé,
que me dirías que me amabas, no quise escucharte, tal vez, no estaba preparado
para saber, que realmente amabas a Strigon…-Dijo el blanco Dragón.
-¡Ya no
digas nada mas! ¡No quiero saber! – grité, cuando mi asombro no cabía al ver de
los ojos de Draugr brotar una lágrima de oro. Corrí hacia él y la sequé con mi
mano que aun tenía piel, y se convirtió en un guijarro.He ahí el misterio de
los guijarros de oro que encontré bajo la tierra de mis lágrimas… 7 guijarros
que lloraría aquella vez, que se convertirían en las lágrimas del Dragón. Lo
abracé, y el no quiso responder, fue entonces cuando Strigon escupió agua
hirviente hacia el cuerpo de Draugr, con tal impulso, que su espalda golpeó y
reventó una de las estatuillas que estaban ahí, y el agua comenzaba a quemar su
piel de luna. Corrió otra lágrima de sus ojos. Cada lágrima que lloraba, la
guardaba yo entre mis manos, suplicandole que no se fuera, que no había sido
cierto nada.
-no me
hagas esto, Dragón.
Fue
cuando brotó otra lágrima de su mirada.
-Mirate,
cobarde demonio, derrotado antes de lograr empuñar tu espada… Disfruta cada
gota de sangre que derrames, cada lágrima que llores, porque he aquí mi beso de
la muerte.
-Dame
la muerte ahora, Strigon, para no ver mas, como llora mi Hel.
-Defiéndete
porfavor, Draugr… - lloraba y lloraba por mi amado.
Brotó
entonces la cuarta lágrima de oro del hombre de piel de luna.
Escupió
de nuevo Strigon, agua hirviente sobre la piel de Draugr, quemándolo y
dejándolo con la apariencia similar a la de mi espalda.
-Hel,
volveré cuando las mujeres hilen en noches de Sabbat, te veré allá en el cielo
y nos comeremos la luna hasta dejar el cielo llorando sangre.- Dijo con voz
débil, derramando la quinta lágrima de oro de sus ojos
-Te
regalo, la mortalidad que tu deseabas, guarda cada una de mis lágrimas para que
embriagues al mar en sal cuando lo suplique, me destruye el alma saber, que
pisarás el oscuro sendero de la muerte, que estoy yo por finalizar…
-¡No me
digas eso! Grité, y cerré mis ojos, y apreté mis dientes y mordí mi lengua
mientras lo abrazaba con todas mis fuerzas.
-Subiré
al cielo en las noches de luna llena, y llevaré en cada poro de mi piel, tu
nombre…
-¡No,
Dragón! Quédate conmigo- pude argumentar entre mi llanto amargo.
-…Promete
entonces, que morirás cuando el tiempo así lo desee…
-lo
prometo, Dragón, pero no te vayas… no me dejes así… reventará mi corazón…-
Mientras
el ángel presenciaba la firmeza de mi amor, abracé cada vez mas fuerte a mi
amado Dragón Blanco, hasta que de repente, ya no sentí nada, y su piel pálida,
estaba tibia, no sé cuanto tiempo fue el que pasó, pero justo en el último
palpitar de su corazón, que retumbaba las paredes de la catedral, y hacía
gritar hasta a las enormes campanas del campanario, fue que abrí mis ojos, para
maldecir al ángel que había estropeado mi corazón, levanté la vista, y ya en la
catedral no había nadie… salieron los primeros rayos del sol, y tocaban mi
piel sin lastimarla. Miré entonces el
cuerpo del Dragón, y fue ahí que reventó mi corazón, al ver que no había sido
el ángel quien lo había matado, sino la daga que llevaba bajo mi manga, la que
había atravesado el corazón de Draugr en mi último abrazo…
Quizo
el Dragón, morir entre mis brazos, antes que vivir toda una eternidad sin mi..
El
hombre de Piel de Luna, había muerto sobre mi regazo.
Chap XVII.
Funeriis Nocturnum
gh
Estoy
mirando ahora su epitafio…
Lloro
todavía, cada noche, desde aquel doloroso amanecer, pues yo se que la muerte
llegará a mi sin que yo la busque.
Cada
noche, vengo a ver su lápida, Noctis Animæ, que desde que la muerte se lo
llevó, las rosas que la rodean no han marchitado, está inclinada, apartada de
las demás, y hay varios orificios en la tierra, como madrigueras directo a su
féretro que no importando ser cubiertas la noche anterior, se encuentran
descubiertas al día siguiente.
Cuantos
perdones me quedaron por pedirle.
Ni
siquiera supo que lo amaba.
Duermo
ahí, a su lado cada noche, escribiendo esta vida que parece infinita al lado de
Naamah, esperando encontrarlo en noches de Sabbat, esperando al fin encontrar,
la séptima lágrima del hombre de piel de Luna.