Cuando nos enfrentamos a situaciones complicadas en las que alguien importante nos ignora, podemos hacer uso de la indiferencia.
Conseguir que lo que alguien haga o no haga no nos afecte actúa como un bálsamo. Puede que al principio nos cueste, pero vale la pena el esfuerzo cuando se trata de evitar nuestro deterioro emocional.
Quedarse cerca de alguien puede ser ir demasiado lejos para nosotros, por lo que una buena solución es obsequiar a estas personas con nuestra ausencia.
Si optamos por esta opción, es posible que iniciemos una lucha interna
entre la que nos debatamos entre esperar a que vuelva o reiniciar
nuestra vida de manera definitiva.
Ambas actitudes resultan dolorosas a corto plazo pero, sin lugar a dudas, convivir con nosotros mismos es la más deseable.
Es probable que, en estos casos, se nos queden muchísimas cosas por decir. El
dolor, los reproches y todas nuestras emociones no pueden quedarse
dentro de nosotros mismos, debemos de sacarlas de alguna manera, aunque sea imaginándonos que tenemos a esa persona de frente, aunque sea rasgando papeles o golpeando cojines.
Una buena opción es escribir una carta a esa persona que te lastimó
en la que expliques los motivos que te han hecho partir y cómo te has
sentido. Una vez que los sentimientos y las emociones del momento queden
escritos, lo mejor es deshacerse de la carta y liberarnos de manera simbólica de esas sensaciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario