Puede que lleves una vida normal, plena y hasta feliz. Dispones
de aquello que día a día te ayuda a mantener una existencia normal sin
excesivas preocupaciones… sin embargo, hay algo que emerge de
pronto en esos momentos en que te miras al espejo. En que te detienes y
echas esa mirada hacia el interior de ti mismo. Hay algo que falla, algo
que te embarga y te envuelve con una sensación a medio camino entre la
tristeza y la desesperación.
Es un vacío. En ocasiones tiene la forma de la frustración,
el relieve de todo aquello que deseabas haber hecho o conseguido y que,
por la razón que fuera nunca pudo ser. También suele ocurrir
que dicho abismo en el corazón tenga la silueta de algo o alguien que
perdiste, pero también, y es algo innegable, dicho hueco responde a un vacío existencial que es difícil traducir en palabras
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